José Luis Cabrero, uno de los dos propietarios de la empresa puertas Cabma
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Portazo a invitados no deseados

De la unión de la madera y del hierro surgió la empresa Cabma en 1999, la única de Castilla y León que fabrica puertas de seguridad. Y, aunque el mercado no ofrece aún «ninguna puerta inviolable», sus dos propietarios han logrado una a prueba de la paciencia de ladrones

Una persona regresa a casa, se encuentra la puerta cerrada con llave, como si nada, pero cuando la abre… todo está revuelto. No es un secuencia de una película. Ha sido víctima de la ‘visita’ de los amigos de lo ajeno que, sin ruidos, sin daños, han ‘violado’ su refugio. La seguridad ha estallado. Diez robos con fuerza al día en domicilios castellanos y leoneses contabilizan sobre el papel las estadísticas oficiales. Y surge la pregunta: ¿existe en el mercado alguna puerta inviolable?

«Sí y no», responde José Luis Cabrero, uno de los dos propietarios de la iscariense Cabma, la única empresa que fabrica puertas de seguridad en Castilla y León. Ninguna es, hoy por hoy, inviolable, de lo que se trata es de poner todas las trabas posibles para «disuadir al ladrón». Y es que, como explica, «la seguridad de una puerta es tangible, se mide en el tiempo que aguanta hasta que una persona es capaz de abrirla». Por eso afirma que «lo que se compra al elegir una puerta de seguridad es tiempo».

Desde su creación en 1999, José Luis Cabrero y su socio Pedro Martín (de la suma de sus apellidos surge el nombre de la empresa) no han parado de investigar cómo poner ‘cerrojos’ a los planes de esos ‘invitados’ indeseados y adelantarse a las técnicas de robo cada vez más sofisticadas. Uno de los doce modelos de puerta que fabrican, la Premium 4 C, cuenta con los máximos grados de certificación europea y nacional, el 4 C, y eso la hace «infalible», al menos de momento, y así seguirá siéndolo «unos cinco años más»; el tiempo que tarden los malhechores en descubrir sus secretos.

Lo asegura después de que tres de los mejores cerrajeros de España y dos de sus empleados tardaran hora y media en abrirla. «Eso significa que a los ladrones les llevaría entre diez y doce horas hacerlo, un tiempo impensable para un robo», apunta. La clave es una puerta diseñada siguiendo una a una las recomendaciones de cerrajeros experimentados.

Pero no siempre sus puertas de seguridad han sido tan sofisticadas. Aún recuerda, entre risas y pudor, su primer pedido de dos unidades para un cliente segoviano. «Las fabricamos sin agujero para la cerradura, fue imperdonable», afirma este empresario vallisoletano que decidió, hace once años, unir su experiencia en el mundo de la fabricación de puertas de madera con la de Pedro en el sector del hierro para aprovechar el «boom de la seguridad».

Fue uno de los proveedores de José Luis en su etapa de puertas de madera quien, sin pretenderlo, le «abrió los ojos» y le impulsó a este negocio. «Durante meses traté, sin éxito, de hablar por teléfono con el proveedor para quejarme de las malas cerraduras que me había suministrado, al no lograrlo me planté en Pinto y lo que obtuve fue el insulto de niñato. En ese momento tomé la decisión».

Y la materializaron. Con una inversión próxima a los 360.000 euros y cuatro manos, este tándem empezó a fabricarse su propio sello. 300 puertas de seguridad llegaron a hacer el primer año. Primero las colocaron en la comarca vallisoletana, luego en Valladolid, para extenderse después por «casi toda Castilla y León». No fue hasta hace dos o tres años cuando Cabma dio el salto al mercado nacional. Sus puertas aseguran hoy viviendas de toda España, salvo de Murcia, su «espinita clavada», y se codean con fabricantes madrileños y alicantinos, sus máximos competidores. Mantienen desde el pasado año un expositor permanente en Barcelona, que «funciona muy bien», e incluso abrieron la puerta «no siempre fácil» al mercado internacional, Brasil, Alemania, Marruecos.

Desde aquellos tímidos arranques, el sector ha evolucionado mucho. Tanto como los métodos de unos delincuentes que «se han profesionalizado», lo que obliga a «destinar muchos recursos a la investigación”.

Los ‘cacos’ ya no atacan la puerta en sí, sino que van directos a la cerradura. Por eso, si importante es la puerta, no lo es menos el escudo, el bombillo y la cerradura. Y en eso la mayoría de las puertas de los hogares ‘cojean’, hasta el punto de que, según José Luis, «el 80% de los bombillos de las puertas instaladas actualmente en España se abren en tres segundos con el método ‘bumping’, el «más frecuente», ese que consiste en introducir con un golpe de martillo una llave virgen en una cerradura para copiar el modelo.

Puertas Cabma son ‘antibumping’ y anti empujones. Están fabricadas con 100 piezas de acero, de distintos grosores. Unidas conforman una estructura fortísima, que puede llegar a pesar 120 kilos de media, para evitar su vulnerabilidad ante un ataque por la fuerza. Sus cerraduras, escudos y bombillos son de última generación.

En su fábrica producen un 60% puertas de seguridad, esas que llevan todas las certificaciones posibles, y un 40% acorazadas. En ese punto, José Luis trata de explicar un concepto que se maneja «de forma equivocada en el mercado». «Las puertas blindadas no son más que puertas de madera con dos chapistas de hierro», aclara. Por eso invita a la reflexión: «Una persona protege su móvil de 700 euros y es reticente a gastarse 1.500 euros en una puerta de seguridad para preservar todos sus bienes”. “Es absurdo”, apostilla, mientras añade que la elección se hace dependiendo de cuánta importancia dé el cliente a evitar su vulnerabilidad y también de la zona e incluso de la ciudad de residencia. En su catálogo hay puertas desde 850 euros a los 4.000 euros.

Para José Luis, una buena puerta es como una buena comida. «Se necesitan ingredientes de primera calidad (materiales) y un buen cocinero (un buen montador)». «De nada sirve una buena puerta si tiene una incorrecta colocación», explica. Por eso no venden a particulares, tampoco a grandes almacenes, sino que sus clientes, y ya van por un centenar, son profesionales que cuentan con montadores formados en la colocación exacta de sus puertas.

El año pasado fabricaron y vendieron 2.000 puertas. Quizás el número no sea muy abultado, pero sí representa un crecimiento «exponencial» en los últimos años, «y lo que queda», apostilla. Aunque a simple vista pudiera parecer lo contrario, la crisis económica les ha servido de empujón. Más robos, más puertas reventadas y, por tanto, más ventas de reposición.

Esta inyección les sirve de base para seguir creciendo porque, como reconoce José Luis, Cabma quiere «ser grande». Y, para ello, se marca como reto salir «en dos o tres años» al mercado exterior con fuerza.

Infraestructura ya tiene. Hace dos años se trasladaron a una nave de 1.500 metros cuadrados, y 3.500 de patio, y alcanzaron la cifra de once trabajadores, que serán trece en el plazo de seis meses. Todo con tal de seguir dando portazos a invitados no deseados.

La ficha de la empresa

Historia. José Luis Cabrero y Pedro Martín abrieron en Ísca (Valladolid) la empresa Cabma en 1999. Hace dos años dieron el salto al mercado nacional e internacional.

Producto. Fabrican un 60% de puertas de seguridad y un 40% acorazadas.

Ventas. Venden 2.000 puertas de seguridad al año en toda España

Facturación. Facturan 1 millón de euros.

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